“¿Cuál es el mejor alcohol que puedo tomar?” – El que te haga más feliz.

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¿Es neta? Entonces, ¿puedo tomar whisky, vodka, tequila, vino, braaaandy? – Yo sólo dije que aquello que te haga más feliz. Indaguemos en el tema.

 

Como seremos humanos, estamos diseñados para consumir cierto tipo de alimentos. Yo no inventé ni creé al ser humano así que no me eches la culpa cuando digo que realmente vivimos de frutas, vegetales, raíces y germinados. “Marcela, ¿y la carne, los lácteos, el pollito, los frijoles con veneno, el tocino?

 

Vámonos todavía más atrás en contexto. No sólo somos un cuerpo; somos una esfera que está conformada, por lo menos, de salud emocional, descanso, alimentación (aquella diseñada para el ser humano) y ejercicio. Algunos dirán que somos todavía más que eso, tal vez “alma” y “energía”; se vale decirlo. Hay estudios muy serios en longevidad que dicen que deberíamos de vivir mucho más de 100 años. Por ejemplo, se presume de Shirali Muslimov que vivió hasta los 168 años y en este momento has de pensar alguna de las siguientes opciones:

 

  1. Es mentira, en esos tiempos había subregistros y más márgenes de error que ahora en los natalicios,
  2. ¡qué flojera! Yo no quiero vivir tantos años,
  3. ¡wow, qué padre! Yo quiero vivir muchos años,
  4. dime en qué artículo científico sale eso para saber si es real lo que dices,
  5. ¿cómo le hizo?

 

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Será verdad o será mentira, será melón o será sandía… who cares? La realidad es que ACTUALMENTE hay gente en Japón, algunos lugares de Europa y otros de América del Sur que andan vivitos y coleando a sus ciento veintitantos años… y uno que otro corriendo maratones a sus 100 años (google it si no me crees). Creo que lo más importante del tema no es si quieres vivir mucho o no, si crees que sea cierto o no o si necesitas buscar por todas las fuentes informativas si en verdad alguien vivió hasta el número CIENTO SESENTA Y OCHO. Lo más importante y preocupante es que las estadísticas dicen que nuestra esperanza de vida mexicana anda en los 75 aproximadamente (o setenta y pico o menos dependiendo el Estado) y que ya es cosa común escuchar que a alguien en sus 30´s tuvo un infarto agudo al miocardio o recibir pacientitos de 4 años con diabetes mellitus tipo 2 (oh sí, es real). Eso es lo preocupante.

 

¿Qué somos? ¿Cómo funcionamos? Yo sólo quiero ser feliz y la comida me hace feliz. ¿Estás seguro? Por más que le des vueltas al tema, SOMOS LO QUE COMEMOS Y LA MANERA A LA QUE REACCIONAMOS ANTE NUESTRO AMBIENTE. Hay un montonal de literatura seria y de experiencias internacionales que lo comprueban y poca importancia se le da al tema. Si llega a la consulta una personita de 4 años con diabetes tipo 2 y exceso de grasa para su edad… ¿piensas en genética? No, piensas en estilo de vida, en salud emocional familiar, en su descanso y en su ejercicio o actividad física. Y no hay mucha diferencia con los adultos.

 

Si “truenas” alguna partecita de tu esfera, se rompe el equilibrio y viene la enfermedad (sobrepeso, diabetes, cardiovasculares… etc, etc). Si tienes alimentación perfecta, haces ejercicio pero tu descanso y salud emocional están tambaleando, algo negativo te puede estar pasando. Como dice el Dr. Rafael García Chacón sobre alimentación y psicología en su libro “Código Alimentario”:

 

Alimentación positiva + Psicología positiva = AUTOPISTA DE LA SALUD

Alimentación positiva + Psicología negativa = PROBLEMAS PSICOLÓGICOS SE ATENÚAN

Alimentación negativa + Psicología positiva = DAÑO ALIMENTARIO SE ATENÚA

Alimentación negativa + Psicología negativa = CAMINO DEL DESASTRE

 

Hay un estudio que hizo el Dr. Robert Nerem, investigador en bioingeniería en Estados Unidos, y que publicó en el Journal Science en 1980 sobre el ambiente social como un factor positivo en la ateroesclerosis (tener tapadas las arterias) inducida por la dieta. La historia va más o menos así: Dícese que en esos años empezaba el boom en el aumento de las enfermedades cardiovasculares y se mostraba a la alimentación alta en grasas saturadas y colesterol como uno de los principales responsables. El honorable Dr. Nerem, junto son su equipo, tomó para su investigación dos grupos de conejitos. A un grupo le dio comida de conejos y al otro grupo alimentos altos en grasas saturadas induciendo en ellos ateroesclerosis… a excepción de un conejito. Resulta que sonaba bastante raro que sólo uno se haya salvado de semejante enfermedad. Empezaron las dudas si realmente le habían dado a ese animalito la dieta indicada o no, o bien, tal vez había algunas variables que no estuvieron muy bien controladas. Al platicar con su equipo de investigación, resultó que uno de los investigadores se había encariñado con ese conejito. Le hablaba, le platicaba, lo acariciaba… y se salvó de la ateroesclerosis. El Dr. Robert, como buen investigador, por supuesto hizo una segunda investigación al respecto. Otra vez dos grupos de conejos, ambos con dieta basada en un 2% de colesterol. El primer grupo tenía cuidados de laboratorio normales y al otro grupo individualmente se les hablaba, se les acariciaba y se jugaba con ellos. Al final del estudio se midieron parámetros clínicos y bioquímicos que mostraron resultados similares en ambos grupos. Comparado con el grupo control, los conejitos acariciados presentaron más del 60% de reducción en el porcentaje de lesiones grasas (la tapazón en las arterias).

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¿Será que los conejitos estaban más felices? ¿Será que podamos reaccionar como esos conejitos a pesar de lo que comamos o tomemos? ¿Por cuánto tiempo se mantendrá ese efecto protector? ¿Será que el estudio es de 1980 y para el 2015 somos entes completamente diferentes en salud emocional y no necesitamos ser apapachados?

 

Te lo repito, somos alimentación, ejercicio, descanso y salud mental. En cuestión de la comida, yo no inventé las reglas, te lo prometo. Esto es lo que se ha más que demostrado. La base es el agua y por lo menos un 60 a 80% de la alimentación total del día deben de ser frutas, vegetales, raíces y germinados. El resto del tiempo pueden ser oleaginosas (almendras, nueces, linaza, pepitas), leguminosas, cereales integrales, aceites saludables en crudo y tal vez algunos peces de agua fría, huevo… si quieres saber más puedes leer este artículo.

 

Las-siete-etapas-del-consumo-de-alcoholY bueno, Marcela, háblame del alcohol. La pregunta crucial y muy común en la consulta es: ¿cuál es el mejor alcohol que puedo tomar? “Es que en la dieta de no se qué dijeron que el whisky es libre… y en la otra dieta que el vodka y el tequila también… ¿entonces?” La respuesta es: DEPENDE. Nutrimentalmente hablando ni cómo ayudarte. No hay cómo yo pueda defender al vodka, whisky o a la cerveza para decirte que puede entrar en tu alimentación sana. Fitoquímicamente hablando puedo decirte que el vino tinto es rico en un antioxidante bastante estudiado que se llama resveratrol y que a parte es soluble en alcohol. La dosis va de los 60 ml (una copa decente) por día para hombres y hasta 5 días por semana para mujeres… Y NO SON ACUMULABLES. Aún así, cuando me preguntas del alcohol, mejor te pregunto yo: ¿qué te hace más feliz? Tú necesidad de alcohol no es alimentaria, es emocional, ¿a poco no? Cuando me dices que vas a la boda de tu gran amigo o te vas de vacaciones a la playa y esperas ese momento de la llegada del alcohol… ¿qué se te antoja más? ¿Qué te hace sentir más apapachado? Sólo acuérdate que la dosis hace el veneno: frecuencia y cantidad. Si lo que vas a consentir es tu salud emocional, cuidado con el antinutriente que puedes adquirir… sólo al pendiente de eso.

 

¿Quieres vivir feliz y sano muchos años?

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  1. Consume alimentos a los que estamos humanamente diseñados.
  2. Cuida tu cuerpo, dale el descanso que merece.
  3. Mueve el bote, estamos diseñados para hacer ejercicio todos los días.
  4. El estrés no se va acabar, tú sí… empieza a cambiar la reacción que tienes ante la situaciones de la vida por algo positivo.
  5. Déjate querer.
  6. Haz más de lo que te hace más feliz.

 

¿Quieres tomar alcohol?

🙂

 

Fuentes

Libro “Código Alimentario” del Dr. Rafael García Chacón, 2da edición, 2014. México.

Social environment as a factor in diet-induced atherosclerosis. Nerem RM, Levesque MJ, Cornhill JF. Science. 1980 Jun 27;208(4451):1475-6.

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